El año 2024 es un año de elecciones, y a través de este relato comparto mi experiencia personal al intentar participar en este proceso, con la convicción de aportar a mi comuna desde la oficialidad, postulando como concejal.
En la imagen de portada se observa un saludo entre Cristián Warnken, fundador y rostro del partido político Amarillos por Chile, y Ximena Rincón, presidenta del partido Demócratas. Ambas colectividades políticas son mencionadas más adelante, ya que forman parte de esta experiencia.
Mi iniciativa de querer fiscalizar el gobierno comunal desde la institucionalidad comenzó con conversaciones cercanas: familia, amigos y conocidos. Posteriormente, salí a las calles y a la feria del pueblo a reunir firmas para presentarme como candidato independiente a concejal por la comuna de Hualqui, con una visión clara y la convicción de que podía aportar de manera concreta al desarrollo local.
Durante el proceso de recolección de firmas observé una constante que me llamó profundamente la atención: de cada cinco personas con las que conversaba y solicitaba su patrocinio, al menos dos me recomendaban buscar el respaldo de un partido político. Esta realimentación fue transversal y persistente.
Siendo este mi primer intento de participar en política desde la independencia, la reacción de la comunidad fue contundente y me llevó a una primera reflexión:
“A pesar de que la independencia es valorada en el discurso, la influencia de los partidos políticos termina por aplastarla, tanto en la conciencia colectiva como en los mecanismos electorales, especialmente a través del sistema de listas”.
En ese contexto comenzaron los llamados desde distintos partidos políticos. Me ofrecían cupos en listas o pactos, invitaciones a conversar —un café o una cerveza de por medio— y un mensaje recurrente: postular de manera independiente era una causa perdida.
Con los plazos del Servel próximos a vencer, apareció Amarillos por Chile con un relato que me resultó convincente, por lo que acepté el patrocinio para competir como independiente, pero dentro de un pacto.
Hasta el último minuto, todo parecía en orden: documentación aprobada por el Servel, validación del supervisor regional del partido, inscripción en el pacto entre Amarillos y Demócratas. Solo faltaba el visto bueno desde Santiago.
En un comienzo, la experiencia fue positiva. Existía un soporte ágil, personalizado y oportuno, además de un grupo de WhatsApp del partido Amarillos en la Región del Biobío. Sin embargo, una vez cerrados los plazos de inscripción de candidaturas, todo comenzó a desdibujarse.
Aparecieron listas no oficiales. Algunos ya intuían irregularidades en el pacto entre Amarillos y Demócratas. Desde Santiago comenzaron a informarse rechazos sin fundamentos claros. Administradores del grupo de WhatsApp abandonaban el espacio, mientras desde un lado se exigían explicaciones y desde el otro predominaba el silencio. Se bajaron candidaturas a gobernador y a concejales, todo se fue diluyendo. Finalmente, se produjeron renuncias al partido, del presidente y del secretario de la mesa directiva de Amarillos en la Región del Biobío.
En síntesis, varios postulantes independientes a concejal en comunas como Arauco, Lota y Hualqui fuimos utilizados como insumo en una “cocina” política entre Amarillos y Demócratas en Santiago. Fuimos seducidos, luego descartados y reemplazados arbitrariamente, sin causa justificada. A la fecha, no existe una explicación formal para quienes se nos retiró el patrocinio prometido.
Así funciona la política en Chile: entre partidos se arreglan las elecciones según conveniencia. Esto no es nuevo. Lo relata, por ejemplo, el psicólogo Germán Silva en una columna publicada en El Mostrador, donde califica a Amarillos y Demócratas como un invento de la élite. Investigaciones de CIPER ya lo habían expuesto en 2015 y 2021 en este artículo y en en este otro artículo, evidenciando el progresivo desarraigo de los partidos respecto de la ciudadanía y su desconexión con la sociedad civil.
Dando vuelta la página, y agradeciendo a vecinas y vecinos que desde un inicio me apoyaron con sus firmas, comparto a continuación una reflexión, una pregunta y una propuesta, pensando especialmente en futuras personas independientes que se animen a ser un aporte a la sociedad civil desde un cargo como concejal.
Reflexión: “Si bien la conciencia colectiva reconoce el poder de los partidos políticos, no podemos limitarnos a quejarnos. Somos nosotros —me incluyo— quienes, por omisión o distracción, les cedemos ese poder, perpetuando mecanismos que pasan por encima de la independencia. Se trata de un paradigma recursivo, incrustado en nuestra cultura y celosamente mantenido por los poderes del Estado”.
Un paradigma que merece ser cuestionado y roto desde las bases.
Pregunta: ¿Qué sucedería si una mayoría de aspirantes a concejal evitara deliberadamente las listas de los partidos políticos en un proceso de elección popular?
Propuesta: Fomentar un proceso participativo e informativo, permanentemente activo, que previo a las elecciones generales destaque a seis o más personas por sus atributos y disposición para normar, resolver y fiscalizar en la municipalidad, entendiendo que estas son las funciones esenciales de un concejal.
Si existiera una lista exclusiva para independientes que cumplan con estos criterios, las elecciones municipales podrían transformarse en un trámite que ratifique lo que el pueblo ya eligió previamente. Es cierto que este mecanismo podría ser fácilmente neutralizado si se desea mantener intacto el paradigma actual; sin embargo, también tiene el potencial de ser tan fuerte y disruptivo como la cohesión que logre un pueblo organizado y consciente.



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